sep 19 2017

Cama 21

» Escrito en Crónicas por verito a las 20:10

Primera parte
La sala de hospital estaba a media luz. De modo extraño esa noche el silencio abrazaba cada cama y las madres dormían con sus bebes pegados a sus pechos llenos de leche. En la cama 21 una joven  mujer miraba fijamente el techo. El miedo y la soledad la tenían atada de pies a cabeza  impidiéndole pensar, sentir, actuar, defenderse, gritar. Las agujas clavando sus brazos  daban paso a innecesarios sedantes que llegaban al torrente sanguíneo cansado y  dolido. En su vientre un bebe de seis meses luchaba por vivir. De repente y como un rayo crujiente  que atraviesa las capas tectónicas de la tierra moviéndolo todo, se escuchó un quejido anunciando el trágico momento que mujer e hijo estaban por vivir. Los gritos de dolor  cada vez más fuertes rebotaban en las paredes del viejo hospital público. La mujer dio tirones sacando de sus brazos el suero y las agujas de color blanco como la nada. El dolor fue cada vez más seguido y los desgarradores gritos pidiendo auxilio se sumaron a los gritos de otras mujeres pidiendo ayuda mientras los bebes de otras mujeres también lloraban. La ayuda no llegó oportunamente. La mujer – sola y desesperada – se agarró con las dos manos de los bordes de la camilla mientras el cuerpo de su hijito – con sus ojitos cerrados y sin llorar – se asomaba por entre las piernas de su joven mamá que aterrada también cerraba sus ojos. De un momento a otro todo se aquieto. El bebe dormía en eternidad sobre las sábanas blancas mientras su madre mordía sus labios en tristeza amarga y fatídica. Una quietud larga, profunda, trágica y negra se apoderó del espacio pintado de blanco. No hubo llanto. No hubo festejos por el recién nacido. La enfermera lo envolvió en un paño y se lo llevo en su silencio de niño muerto.

Segunda Parte

La enfermera dejó “el bulto” sobre un mesón blanco. Volvío por la misma puerta para continuar con los procedimientos descritos en el protocolo de mortinato. Desde allí se escucharon los rápidos pasos de un hombre que entró y tomó al bebe muerto y salió corriendo por los pasillos hasta llegar a la morgue. Allí lo esperaba una mujer morena que sollozaba en silencio. A tu nieto no lo dejarán en lugares de niños muertos, le dijo, mientras ponía al bebe entre las piernas de una joven mujer que había fallecido y que estaba esperando ser retirada por sus familiares. La mujer morena beso al bebe de seis meses, lo envolvió con delicadeza y “se lo encargó” a la mujer muerta. Esto sucedió momentos antes que el cajón de color café fuera retirado de las afueras de la morgue. La abuela caminó a casa con el secreto para siempre. Nadie reclamó el cuerpo de mortinato. Nadie preguntó donde estaba. Nadie beso la frente de la mamá que había perdido a su hijito de seis meses. Nadie hablo de este hecho nunca en la vida. Nadie nunca preguntó por su nombre. Solo la madre lo amó. Eso dicen….cuentan que ella nunca lo olvidó.

Nota: está crónica relata la historia verdadera de una mujer de la cual ocultaremos su nombre. Agradecemos a quienes me contaron la historia y detalles verídicos de lo sucedido. El bebe – de haber nacido – tendría 37 años a la fecha.

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