may 01 2015

Siete vueltas al sol

» Escrito en Crónicas por admin a las 23:21

Llegué a tu casa a media tarde. El olor a menta y romero ondeaba en el aire como colibrí encantado en danza de luna y sol. Respiré profundo y recordé las tardes cuando eras chiquita y jugábamos corriendo a pies descalzos entre yerbas y terneros. Sentiste mi voz y te apresuraste a abrir la puerta. Me recibiste con una gran sonrisa mientras tus brazos rodeaban mi cuello. Entramos abrazadas mientras el sol doraba la tarde de otoño cálida y tranquila haciendo renacer en tu patio las flores, libélulas plateadas y los farolitos de colores. 

Nos sentamos como tantas veces a tomar un te bien conversado. Ramón, tu esposo, cerca nuestro leyendo, riendo, intercambiando una y otra idea. Tu seguiste juntando cuentas de madera y uniendo una tras otra  para darle forma a un nuevo Japa Mala. Luego tomaste un fino cordel verde y tejiste flores, mandalitas, figuras con formas simétricas y llenas de armonía. Tus ojos brillaban mientras reías, tejías y soñabas con viajes, cosecha de tomates, meditaciones sanadoras.

Han pasado siete años desde que me hiciste abuela. Fue un día intenso, un 2 de mayo lleno de emociones. Largas horas de espera hasta que – junto a Ramón tu esposo- dieron a luz a Canela. Tu vida cambió para siempre y también cambió la mía. Cambió la vida de Tamara, su tía y Demian su tío. Cambió la vida de Ramón, su padre y la vida de sus abuelos paternos y su tio. Canela llegó para alegrar la vida y llenarnos de esperanzas a todos y todas y pensar en mejores días para la humanidad.

Ahora estoy sentada a tu lado y en tu casa hija mía. Eras tan chiquita cuando lo perdimos todo, que tuve miedo, muchas noches, en que las perdidas volvieran como fantasmas a tu historia. Pero no fue así. No nos habíamos perdido nosotras ni la certeza de estar juntas por una vida entera. Ahora tienes tu casa llena de yerbas, pájaros que cantan, tus dos perritas que agrandaron la familia. Tienes a tu compañero de vida con quien construyes sueños y caminos donde avanzan tomados de la mano para siempre.

Me emociono al oírte cantar mantras mientras danzas con tu hijita en tu patio lleno de girasoles. Las maternidades no son fáciles y construir senderos donde el respeto y el amor sean las banderas de triunfo y hacer que estas flameen todos los días, no es simple y tu lo estás logrando y haciendo.
La tarde avanza y Canela sentada sobre mis piernas me abraza y besa. Ramón ofrece otro tecito mientras tu ya has terminado otro collar indu que será regalado – como tantos- a alguna mujer que lo necesite y se cruce en tu camino.

Ahora estoy en casa escribiendo para ti….escucho el mantra Pootaa Maataa Kee Aasees y te siento cantar a mi lado, se que no estás y es solo un sentimiento….sin embargo puedo sentir tus dedos en mi pelo y cantar bajito en mi oído el mantra que tanto nos gusta. Ya es de noche. Como en una película voy borrando los momentos difíciles y comienzo a pintar tu historia llena de colores y canciones. El resultado es fantástico y único: estas vestida de verde con tus pies descalzos caminando sobre arena tibia, Canela de tu mano y ambas de pelo largo y suelto…. tu esposo camina junto a ustedes. Los tres de la mano. Caminan cantando….danzando suave…la vida está girando por séptima vez alrededor del sol que tanto aman.

Hay un gran silencio en mi casa…..los años pasaron y la vida con ellos. Ya tienes tu propio espacio, tu familia y tu hijita. Sigo cantando y meditando….me besas la frente y cantas junto a mi……

Escribe un comentario

Imagen CAPTCHA
*