Jun 12 2010

Miedos y tristezas

» Escrito en Crónicas por verito a las 18:18

Me puse mi gorro color calipso, parka azul y zapatos cómodos. Salí a comprar el pan. Las cronica_tristezas_dos1.jpgcalles de mi ciudad jugueteaban húmedas de neblina , entre calcetas gruesas, chalecos de lana, botines de cuero y abrigos de transeúntes presurosos por escapar del frío.  En medio de este paisaje londinense caminaba yo. El ruido de una banda musical me llamó la atención. Nada que encantara mi oído ni suavizara el aire que arrancaba distraído por entre las personas vestidas de negro y moviendo las cabezas al ritmo de las oscuras notas musicales. Me detuve a mirar de que se trataba. No alcancé a mirar al escenario ya que un coche  me llamó la atención. Miré hacia dentro y vi a un bebe no mayor de doce meses con el gorro tapándole la vista y  haciendo intentos por sentarse. Todo en medio de un ruido ensordecedor  y una neblina que lo cubría todo. Junto a el una chica que parecía una niña de 15 años “su bebe tiene el gorro en la cara” -le dije- ella lo destapó y sin mirarme continuó en su éxtasis infernal de irresponsabilidad materna. Miré a los ojos al bebe y sus pupilas de inocencia se quedaron en mis ojos convirtiéndolo todo en océano, laguna y mares de tristeza.

La rabia y la impotencia se apoderaron de mis pensamientos y en menos de dos minutos sentí a todas las tristezas y miedos de mi vida correr tras mio para atraparme. Vinieron aquellas que ya creía superadas, me apretaron la garganta sin respeto ni conciencia. Me alcanzaron las de niña, los miedos infantiles en casa de los vecinos. Una tristeza grande, con ojos grandes y manos grandes me tapó la boca para que no dijera nada, no diré nada -pensé- no hablaré de los trenes, no recordaré los viajes nortinos saliendo desde el terminal de La calera. No diré nada…no he dicho nada en tanto tiempo.

Las tristezas me acorralaron y sentí las lágrimas confundirse en medio de la neblina y la impotencia de la injusticia humana. No pude detenerlas. Una tristeza en forma de corazón me apuñaló las cienes y otra con forma de soledad se abalanzó sobre mi, destruyéndome los ojos y los labios. Corrí para escapar de ellas y ellas corrían a mi lado.  Los miedos y la pena de tantos miedos y penas sin contar, sin hablar, sin enfrentar se pararon delante mio sin permitirme avanzar. Quise dar un paso y ahí estaban. Quise devolverme y ahí estaban. Caminé a casa con ellas a cuesta, incrustadas en mis ojos. Aún no me las puedo sacar. Me he quedado quietita, quizás se duerman, tal vez se cansen, quizás me dejen. Pero aquí las siento, en mi historia de niña, en mi vida de adulta, en mis tiempos de madre y en mis desaciertos de mujer grande. Una tristeza me guiñe un ojo y me hace resbalar una lágrima. La miro de cerca para reconocerla, identificarla, saber su nombre. Ella se esconde avergonzada y tímida. Sobre sus pechos cuelga un cartel que dice “estoy cansada….¡libérame!” Cierro los ojos y rezo por el bebe del coche y pido perdón a la vida por la miseria humana que hemos construido y seguimos construyendo. Ellas vuelven a mirarme sin ganas de romper la vigilia que las mantiene atenta, yo seco mis lágrimas y siento el frió en mis rodillas y unas ganas sin límite de comenzar de nuevo.

4 comentarios para el post “Miedos y tristezas”

  1. Comentario de Luis el 14 de Junio de 2010 a las 08:17

    Me atrapaste! Wuuuaawww!! No había encontrado un texto más sensible, lleno de misterio, de tristeza, de todo lo que alguien puede sentir. Creo que es muy comparable a los cantos tristes de Ovidio. Pero la verdad… me ha encantado este texto.Pasaba también para agradecerte el comentario. Pinché en tu blog, y que me encuentro con este pedacito de sensibilidad. Un abrazo, Verónica. Espero poder estar con contacto contigo… Ya nos iremos leyendo. Besos

  2. Comentario de Elizabeth el 14 de Junio de 2010 a las 11:59

    Estimada Profesora desde el sábado pasado ya no soy la misma… Caló muy profundo en mi corazón el taller, desde ese día, a cada momento miro, toco, converso, canto y bailo con mis hijitas, me gustaría retroceder el tiempo y cambiar tantas cosas, pero es imposible, sólo me queda seguir siendo cada día una mejor mamá y así como usted sensibilizarme y defender la “dignidad” de todos los niños y niñas de este mundo.

  3. Comentario de bicicletaverde el 27 de Junio de 2010 a las 18:20

    mmm…
    los dolores y las tristezan nos acompañan sin duda. Pero también nos acompaña la dulzura. Tal vez el sabor amargo es necesario para disfrutar el néctar, como la luz necesita de la sombra.
    Tal vez la última mirada termina siendo la personal, se construye con nuestra historia (y nuestra prehistoria) con la exeriencia de vida y con nuestras particulares opciones. También el dolor y la culpa es una cultura de dominación.
    A mi modo de ver, la liberación es una opción que nos hace dimensionar el estado de cosas, más allá de las circunstancias.
    Liberarnos (de la mano que nos tapo la boca, de los errores, de la cultura del castigo y del pecado) Y no liberarnos por enajenación, si no porque libres de nuestro propio dolor y miedos, nuestra mano se podrá tender generosa y sin culpas.
    (al menos eso creo hoy)
    El paraiso es ahora.

  4. Comentario de paloma el 2 de Julio de 2010 a las 08:30

    mamá… cuando la digo pensando en tí, todo adquire mayor sentido y coherencia, espero que cuando Canela crezca pueda acercarse a sentir lo que yo siento por ti….

Escribe un comentario