May 01 2010
En el día del Trabajador: Profesor Manuel
» Escrito en Crónicas por verito a las 19:17Han pasado 40 años desde que sonó la campana de aquel lejano día en que el profesor
Manuel entró por primera vez a una sala de clases. “Eran otros tiempos” dice, mientras se pierde su mirada y se le humedecen las pupilas.
Al profesor Manuel el cansancio no lo ha alcanzado, ni tampoco el desanimo de una historia que ha ido cambiando y que no siempre le favoreció. Un despido injusto y unos cuantos años de incertidumbre no lograron acabar con su corazón de maestro.
Todas las mañanas cumple su rutina laboral en el colegio básico donde trabaja en una ciudad llamada Villa Alemana. Entra a la sala de profesores, cuando la mayoría aún no ha llegado, lo hace con paso firme y sonrisa honesta. Me saluda con entusiasmo y luego intercambia un par de palabras con la maestra de lenguaje que siempre está de las primeras y llena el espacio con su buen ánimo y disposición. Ambos conversan, recuerdan historias, evocan otros tiempos y vuelven al presente con esperanzas renovadas y la frente en alto.
Siguen llegando los profesores, son cerca de las 8 de la mañana. Al profesor Manuel le da por contar historias, esta vez nos habla de los duendes. Relata la noche en que le apagaron las luces de los baños del colegio y de cosas extraviadas sin mayor explicación. Todos escuchamos, al profesor Manuel se le respeta, no sólo por sus cuatro décadas de ejercicio docente, sino por su historia de nobleza, entrega y consecuencias.
Una vez más suena la campana, son las 8 en punto. Se escuchan los gritos de los niños junto al correr de zapatos negros de escuela municipal. Lo veo salir a la formación, me comenta, “me formo, pero no estoy de acuerdo, ¡no hay tiempo que perder!”, sonríe y sigue caminando. En medio de la niebla de este otoño que se ha dejado caer sin respeto ni clemencia a esta infancia que no siempre tiene una parka adecuada. Su curso le sonríe, el profesor sonríe con ellos, como siempre, como antes, desde antes, como lo seguirá haciendo, porque en su corazón de profesor de escuela básica, hay una sola verdad que se asoma con bandera de justicia social y con un silabario bajo el brazo. Las letras de la lección de su vida dicen “Educar tiene sentido… Vivir tiene sentido…tiene sentido enseñar!”.
Entramos a las salas, me volteo a mirarlo, pero el patio está vacío, sólo alcanzo a escuchar: “Buenos días alumnos” y un fuerte y cariñoso: “Buenos días profesor Manuel”.
